Celebrando

2015-10-14 10.44.56Mira ese tipo que espera el tren ¿lo ves?

Sabe que todo puede ir peor.

Que después de muchos trenes hay un último tren. Y ese tren no mola nada. No porque sea diferente, sino porque es el último.

Me consuela pensar en la muerte, me gusta. Sólo los muertos están rigurosamente incapacitados para pensar en la muerte. En gran parte por eso es por lo que me da placer. Así que, jódete muerte, que te pienso.

Ayer me invitaron a una fiesta.

—¿Es tu cumpleaños?

—No

—Entonces ¿qué se celebra?

—Que estamos vivos ¿te parece poco?

Corrió el vino, la comida sencilla puesta con cariño, sonó la música… Hacer correr el vino, comer y compartir unas canciones son cosas muy sencillas para las que los muertos están rigurosamente incapacitados. Así que, durante unas horas puedo asegurar que estuvimos bien vivos.

Vivos y coleando,

Vivos y celebrando.

Que estábamos vivos.

Invierno

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Foto: @javisanzdiez

Se va acercando sigilosamente el invierno.

Esta mañana ya no apetecía ir en el coche con la ventana abierta.

Las plantas de la terraza, con las que este año me he esmerado poco, se van poniendo el pijama marrón, preparándose para la noche larga.

Confían, es muy probable, en encontrar al despertar a un tipo más dedicado, más delicado también.

Las plantas de mi terraza se parecen en eso a los lectores de este blog. En la paciencia y en la confianza.

Y en la discreción.

Pero se diferencian en el puesto que ocupa entre sus prioridades el que les echen agua por encima.

He preparado pisto para mañana. Justo después de cenar, mientras C. se daba una ducha. En verano nunca preparo nada para mañana. Otra prueba más de que se acerca el invierno. Y ese cambio vertiginoso, temerario y radical: del gazpacho al pisto.

El silencio es distinto en invierno. El bullicio también.

Las mujeres van más tapadas en invierno. Los agentes patógenos y este humilde contador están en contra de que las mujeres se tapen tanto en invierno.

Pero por distintas razones: ellos las quieren infectar, yo me conformo con mirar.

Ya, ya lo sé: este vicio mío es feo. Pero el de los patógenos es peor. ¿No crees?

 

Apareció en a2manos, reedición

Acreedores y deudores

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Hay varias maneras de clasificar a las personas que forman la humanidad. la primera de ellas entre los que han leído El Señor de los Anillos y los que no. Hoy no voy a comentar esta. La segunda es entre quienes veneran a Audrey Hepburn y quienes adoran a Marilyn Monroe. Tampoco analizaré esta ahora.

Me interesa la tercera: los acreedores y los deudores.

Los acreedores son aquellos que sienten que merecen más. Por ser ellos quienes son. Entran a una tienda y esperan que les atiendan con solicitud. Entran en una fiesta y esperan que los miren, que hablen de ellos. El  mundo entero debería hacer una manifestación pública de reconocimiento. O una reverencia o algo. Los acreedores sienten que el mundo está en deuda con ellos por lo que aportan, por eso piden. Van por la vida con una afirmación y una pregunta, a veces latentes y a veces explícitas:

Afirmación: Vaya mierda de silla.

Pregunta: ¿dónde está mi trono?

Los deudores dan las gracias. A menudo. Empiezan el día y saben que se lo tendrán que currar, pero les parece bien. Agradecen que salga el sol, también que llueva si llueve. Consideran que será una suerte cualquier cosa que consigan porque ellos al fin y al cabo tampoco merecen nada especial, y sus talentos y sus trabajos son más o menos como los de los demás. Los deudores se sienten en deuda con el mundo por lo que han recibido, por eso dan. Van por la vida con una afirmación y una pregunta, a veces latentes y a veces explícitas:

Afirmación: Qué maravilla de silla.

Pregunta: ¿A que parece un trono?

 

Publicado en a2manos el 05/03/2007

Cómplice

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“Cuando pedimos consejo estamos, por lo general, buscando un cómplice”

Saul Bellow (1915-2005)

Patchwork de banderas

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Foto de Mª Inmaculada Domínguez

Después de uno de los tantos crímenes de odio que se producen en el mundo leí en algún sitio a un exaltado: tendríamos que empezar a copular todos con todos hasta acabar siendo del mismo color.

No estoy seguro de que estemos preparados. Quiero decir que se requiere una buena forma física, ganas de viajar… ser capaz de dejar los pudores doblados en una silla encima de la ropa interior. Habría que intentarlo, desde luego. No por vicio, por salud social.

Pero mientras nos decidimos y tal podríamos poner a foll*r a las banderas. Que se apareen y surjan miles de estampados nuevos. Miles de colores. Suena muy provocador pero sólo consiste en coger unas tijeras y aguja e hilo y hacer un poco de patchwork. Te puedes hacer una manta mona con las banderas de Brasil y Colombia o con las del Betis y el Sevilla. En cambio por alguna razón la de USA y la de Rusia quedan más sosas, porque tienen los mismos colores. Qué decir de la española y la catalana. ¡venga rojo y amarillo…! Pero si son la misma cosa en distinto número de pixels.

No me gusta que las banderas se agiten en contra de, como amenazas. No me gusta que los mástiles tengan forma de lanza. En cambio, como edredón, o incluso en la mesa camilla, dan un toque de color estupendo. Me gustan las banderas que arropan, no las que amortajan. Me gustan las banderas de las fiestas, no las de los desfiles.

¡¡Eureka!! ¡Ya lo tengo! Deberíamos copular todos con todos al cobijo de mantas de patchwork de banderas ¿Qué os parece? Y deberían auspiciarlo la ONU y bendecirlo el Papa Francisco y Google. Que triunfe el amor.

Y al final, esa gente que sale a gritar y a amenazar con una bandera en la mano, o a quemar las que no les gustan, dejaría de hacerlo. Nunca se ha visto a ningún exaltado achicharrar un edredón en plena calle, menos aún una mantita debajo de la cual se ha sentido el calor de otro cuerpo.

Los jueves son mi día de las ideas.

NOTA IMPORTANTE: Con las prisas me falta una imagen ¿Alguien se anima a mandarme una? Tanto hablar de colores y me ha salido el post muy descolorido.

Javi Sanz Díaz
Javi Sanz DÍaz https://www.instagram.com/p/Z7sJo1GND8/
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Blanca Novella