¿Raro?

En un tiempo pretérito y bastante indefinido: Yo satisfice, tú satisficiste, él satisfizo, nosotros satisficimos, vosotros satisficisteis y ellos satisficieron.
En un futuro impreciso: yo satisfaré, tú satisfarás, él satisfará, nosotros satisfaremos, vosotros satisfaréis y ellos satisfarán.

Siempre y cuando se dieran las condiciones necesarias: yo satisfaría, tú satisfarías, él satisfaría, nosotros satisfaríamos, vosotros satisfaríais y ellos satisfarían.

Ojalá yo satisfaga, tú satisfagas, él satisfaga, nosotros satisfagamos, vosotros satisfagáis y ellos satisfagan.

Si yo satisficiera o satisficiese, tú satisficieras o satisficieses, él satisficiera o satisficiese puede que nosotros satisficiéramos o satisficiésemos, vosotros satisficierais o satisficieseis y puede que también ellos satisficieran o satisficiesen.

No es que sea raro, es que este verbo lo usamos poco.

 

reedición. Publicado en a2manos 10 Dic de 2005

¿Buenos tiempos para la lírica?

Hace mucho calor a mediodía en Madrid, me refugio en FNAC.

Me pone triste cómo se ha reducido el tamaño de la parte dedicada a discos. Ofertas que huelen a liquidación por derribo.

Me pone patidifuso cómo ha aumentado la parte dedicada a merchandising de la música. Cada vez se venden menos discos y cada vez más camisetas. La camiseta como formato musical va a tumbar al vinilo y al cedé juntos.

Demasiadas cafeteras, gadgets (definición de gadget: artículo asombrosamente imprescindible que no servirá para nada así pase un tiempo asombrosamente corto) y aspiradores para un establecimiento que se jactaba de “cultural”. Yo canté aquí, hace un tiempo, para promocionar El Tonto que Te Mira, ya ha llovido.

Habrá llovido mucho pero el paisaje es desolador, desértico, pocas secciones florecen. Los vidoejuegos y las cajas de “experiencias” han proliferado, son buenos tiempos para ellos.

Brujuleando entre los estantes de libros, me consta que hay librerías más acogedoras y mejor surtidas en Madrid,, encuentro una alegría: los estantes de poesía están en flor, no huelen a los mohos de las antologías. Hay ediciones nuevas y diversas, de tapa dura y de bolsillo, con diseños interesantes, de autores jóvenes… por Dios, por Dios que no sea una moda.

Y entre ellos la más joven de todos, Gloria Fuertes que al cumplir 100 años ha saltado de los estantes de infantil a los de mayores: ironías de la vida.

Va a resultar que las exequias por la música grabada son buenos tiempos para la lírica. Ay, si Golpes Bajos levantara la cabeza.

Tarima flotante

La vida es como la tarima flotante.

En colocar cierta pieza pequeña, por ejemplo una esquina, tardas un montón: tienes que medir, cortar, presentar, volver a cortar porque no tuviste en cuenta esto o lo otro…

Y en cambio algunas piezas grandes entran a la primera, sin esfuerzo.

Lo primero que se te ocurre es hacerte la vida entera con piezas enteras, de las que entran a la primera y cunden mucho, pero, el problema es que las pequeñas y de formas complejas son imprescindibles si quieres que la cosa te quede… no ya bien, siquiera aparente.


Publicado en a2manos el 21.11.2005

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Esta semana canto en Sevilla

Cada vez que me subía al metro se me venía a la cabeza “Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?” El estribillo de Caballo de Cartón de Joaquín Sabina. Daba igual en qué linea me subiera, era automático.

Cada vez que paseo por Sevilla me descubro tarareando por lo bajini “De Sevilla un patio salpicao de flores, una fuente en medio con un surtidor, rosas y claveles de to´os los colores que no los pintara mejor ni un pintor, tras de la cancela…” en la versión de Miguel Poveda, o en la de Ques Quis Pas.

Llevamos la música dentro, unos menos y otros más. Grabada a fuego, y no pide permiso para salir o entrar a su antojo. Hay melodías asociadas a lugares, a olores, a personas, a temperaturas, a momentos… versos, a veces dichosos, a veces malditos, que no se van ni con agua caliente.

Este miércoles canto en Sevilla, en Casala, un precioso e ínfimo teatro, con su telón de terciopelo, su escenario de suelo de madera, sus butacas de verdad. A quien monta un teatro en estos tiempos habría que darle un homenaje, y a quien lo hace con tanto cariño, por lo menos dos.

Voy a tocar esas que te he cantado tantas veces, desde el cedé del coche o al oído. Mías porque las he escrito yo y otras mías porque las he adoptado. Tuyas también. Las canciones no son propiedad de nadie, ellas se van con quien quieren, pegadas en la memoria con superglú.

No sé si estás en la ciudad, no sé si puedes, pero sé que serás bienvenida.