Chopin, hierbajos y la Luna

Ayer leo que los amigos, hacer un poco de ejercicio, ser agradecido y expresar las emociones, son herramientas para ser más feliz. Felicidad en el sentido esencial, esa que buscaban los griegos, los neanthertales y el eremita, no la de las canciones pop o Carrefour. Felicidad con mayúsculas, de cuando se inventó la palabra, de antes de la rueda, felicidad intramolecular, no la felicidad de colorines, no la felicidad de comprar cosas. Continuar leyendo “Chopin, hierbajos y la Luna”

¿Raro?

En un tiempo pretérito y bastante indefinido: Yo satisfice, tú satisficiste, él satisfizo, nosotros satisficimos, vosotros satisficisteis y ellos satisficieron.
En un futuro impreciso: yo satisfaré, tú satisfarás, él satisfará, nosotros satisfaremos, vosotros satisfaréis y ellos satisfarán.

Siempre y cuando se dieran las condiciones necesarias: yo satisfaría, tú satisfarías, él satisfaría, nosotros satisfaríamos, vosotros satisfaríais y ellos satisfarían.

Ojalá yo satisfaga, tú satisfagas, él satisfaga, nosotros satisfagamos, vosotros satisfagáis y ellos satisfagan.

Si yo satisficiera o satisficiese, tú satisficieras o satisficieses, él satisficiera o satisficiese puede que nosotros satisficiéramos o satisficiésemos, vosotros satisficierais o satisficieseis y puede que también ellos satisficieran o satisficiesen.

No es que sea raro, es que este verbo lo usamos poco.

 

reedición. Publicado en a2manos 10 Dic de 2005

Absolución

Hoy me absuelvo por falta de pruebas.
Y, de paso, me disuelvo en la neblina del cansancio.
Hoy están de puente el juez, el abogado y el fiscal.
La señora de la limpieza y el conserje.
Hace fresco, no se crean.

He puesto el traje de Supermán en el programa caliente
y me ha salido desteñido, encogido.
Vaya mierda de traje de Supermán.

Mañana tendré que salir a cazar malhechores con la malla de rayas.
O en chándal de tactel, que es peor.

Suena el camión de la basura.
Apago las luces.
Me lavo los dientes.
Me meto en la cama.

Miro las estrellas que hace el gotelé en el techo.
No las veo bien sin las gafas.

Como soy ateo, pero muy meticuloso
antes de dormir me encomiendo a las ferreterías,
a las chocolatinas, a las gasolineras abiertas toda la noche,
al redbul que me protege. A los amigos, a los esemeeses,
al sucedáneo del caviar, al tipo que inventó el pelapatatas.
Pero no necesariamente en este orden.

Cierro los ojos y me absuelvo.
No porque crea en mi inocencia,
sino por falta de pruebas.

 

Publicado en a2manos el 18 nov.2005

El mapa del tesoro

En una de las paredes del acantilado que da a la playa de la Mexota, con los pies metidos en la arena y la emoción erizándome los pelos, encuentro este mapa. Las cartografías que te salen en el móvil te pueden llevar a la casa de un amigo o a una gasolinera, pero una cartografía tallada en las paredes desnudas de una playa, con cientos de años de antiguedad, sólo puede ser un mapa del tesoro. Continuar leyendo “El mapa del tesoro”

Perder un rato

Viene bien perder un rato de vez en cuando. 

Es bueno para el propio desarrollo, para el crecimiento personal. 

Quizá no mucho rato

En la ropa negra se notan menos las manchas de tinta, lo tengo comprobado.

Tienen la luna más potencia aquí, en medio del campo. No hay farolas arrogantes que le hagan la competencia. Ja, pobres farolas, ¿te imaginas a un mechero fardando delante del Sol? 

Vivo, pienso y escribo mientras los demás habitantes de la casa duermen. Vivo, pienso y escribo que sale caro a la larga sacar los pies del tiesto, montárselo en los márgenes, no dar bola al main stream

Ladran perros a lo lejos y contesta el mío. No están tan lejos los vecinos, apenas un kilómetro. Igual que en las redes de internet se hace: ping, estoy aquí. Y alguien contesta: ping, estoy aquí. Así hace mi perro con los perros vecinos. Pero en vez de ping, es guau.

Hay unas llaves en la mesilla y no sé de qué puerta son. Tengo, entre otras muchas, esa manía: la de no tirar las llaves. Colecciono llaves más allá de lo razonable, me duran más las llaves que las puertas que abrían, incluso que el recuerdo de qué puertas abrían. Como si en algún momento pudiera despertar atado con cadenas y candados y encerrado con varías puertas y me dejaran como sola escapatoria: esta caja de plástico donde las guardo. Como si en algún momento la barrera que me separase de un campo diáfano de trigo verde, de un valle inmenso y feraz, fuera una puerta cerrada a cal y canto.  

Viene bien perder de vez en cuando, volver a la casilla de salida, lanzar otra vez los dados.

Un rato. 

Quizá no tanto rato.

Ola de pan ahora

Si puedo elegir,
llámame ola.
Ni río, ni estanque,
ni grifo, ni mar,
prefiero ola.

Si puedo elegir, llámame pan.
Ni costilla, ni fresas,
ni azúcar, ni sal,
prefiero pan.

Si puedo elegir,
llámame ahora.
Ni ayer, ni mañana,
ni pronto, ni después,
prefiero ahora.

Publicado en a2manos 09/08/2007

Fondo de Armario: Carlos Gardel

 

Según cogía la desviación de la eme cuarenta hacia la avenida de la Ilustración pensaba en el querer. Era porque sonaba en mi coche un disco de tangos. O no sé por qué era. En cualquier caso no está bien pensar en el querer tan temprano.

Hace tiempo que doy vueltas a lo siguiente: que a uno lo quieran está muy bien, pero lo verdaderamente importante es tener la capacidad de querer. ¿Es una capacidad? ¿un talento? ¿se puede aprender como se aprende a leer? ¿se entrena y se mejora la forma como se mejora en el esquí? ¿es como montar en bicicleta, que una vez que aprendes ya no se te olvida?.

Si estuviera en una etapa de autocontrol y disciplina me habría dicho: cambia de tema, tronco, que no te conviene. De la misma manera que se le dice no a un bombón o a un platito de torreznos de tapa. Pero como estoy en una fase de dejarme ir, y el atasco del nudo de Manoteras se avecinaba cual nubarrón… le di cuartelillo al pensamiento.

Que te quieran es como que te lleven. Para acá, para allá. Es cómodo. En cambio querer es tener uno mismo el coche y saber conducirlo. A veces en el coche va uno solo, escuchando tangos y desviándose hacia la avenida de la Ilustración y hacia pensamientos; y otras llevas a alguien.

Claro está que, si tú preguntas, todo el mundo dice que sabe querer. De la misma manera, nadie dice que sea xenófobo o insolidario o violento o malo a secas. Pero no es verdad. Hay mucha gente que ni siquiera sabe quererse.

En esto sonó Garufa, que es de mis preferidos. Y me puse a cantar y me dejé de pensamientos.

Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman Garufa por lo bacán;
tenés más pretensiones que bataclana
que hubiera hecho suceso con un gotán.

Durante la semana, meta laburo,
y el sábado a la noche sos un doctor:
te encajás las polainas y el cuello duro
y te venís p’al centro de rompedor.

Traducción:

Del barrio La Mandiola eres el más sagaz
y te llaman juerguista por lo chulo que eres
tienes más pretensiones que una fulana
que hubiera triunfado con un tango.

Durante la semana, venga a trabajar
y el sábado por la noche eres un profesional
te vistes las polainas y el cuello duro
y te vas para el centro de castigador.

Traducido por La Mano que Escribe.

(Publicado en a2manos el 19 ene 2006)