Gente sin sueños

Esta tarde el cielo de Madrid es vehemente. apasionado.

Está lleno de nubes que se persiguen unas a otras.

La tormenta ha borrado el verano de golpe, llenando los cristales de gotitas.

Miro esas carreras de nubes a través de los cristales caleidoscópicos de mi ventana. Y, de repente, la piel de la realidad tiene una cualidad dulce, parecida a la de los sueños.

Sueños. Sí, sueños, ya sabes.

Hay gente sin sueños, según me han dicho.

Vaya, qué mala suerte.

 

El Tiempo

IMG_0107Tenía una conexión a internet muy rápida.

Una en el teléfono, otra en el ordenador, otra en el portátil y otra en el iPad. Facebook, instagram, tuiter, spotify, foursquare, youtube, pinterest… Las redes sociales me permitían estar en contacto con miles de personas, saber qué hacían y contarles qué hacia yo.

Tenía cientos de restaurantes, cines, teatros, bares, museos, exposiciones, salas de conciertos… en los que exprimir cada segundo de mi tiempo libre. Y cada vez que visitaba uno, lo compartía en internet con cientos de amigos, multiplicándose y expandiéndose mi gozo por el universo entero.

Estaba registrado en más de 40 sitios de internet y recibía puntualmente noticias, ofertas increíbles, reportajes apasionantes, vídeos, imágenes… Usaba al menos 15 de las 39 aplicaciones instaladas en el teléfono. Hacia más de 30 llamadas al día, casi todas urgentes a la vez que importantes.

Mi libreta de direcciones (sincronizada en todos los dispositivos) rebasaba los mil contactos.

Esta mañana corre un aire fresquito, he regado las plantas, he desayunado, he soportado estoicamente la mirada socarrona de un par de alcornoques centenarios: “eh, tú, el forastero. Pringao!”.

Y he pensado que no había mejor manera que escribirte unas líneas para aprovechar, disfrutar, emplear, vivir, saborear, compartir, pasar, EL TIEMPO.