Absolución

Hoy me absuelvo por falta de pruebas.
Y, de paso, me disuelvo en la neblina del cansancio.
Hoy están de puente el juez, el abogado y el fiscal.
La señora de la limpieza y el conserje.
Hace fresco, no se crean.

He puesto el traje de Supermán en el programa caliente
y me ha salido desteñido, encogido.
Vaya mierda de traje de Supermán.

Mañana tendré que salir a cazar malhechores con la malla de rayas.
O en chándal de tactel, que es peor.

Suena el camión de la basura.
Apago las luces.
Me lavo los dientes.
Me meto en la cama.

Miro las estrellas que hace el gotelé en el techo.
No las veo bien sin las gafas.

Como soy ateo, pero muy meticuloso
antes de dormir me encomiendo a las ferreterías,
a las chocolatinas, a las gasolineras abiertas toda la noche,
al redbul que me protege. A los amigos, a los esemeeses,
al sucedáneo del caviar, al tipo que inventó el pelapatatas.
Pero no necesariamente en este orden.

Cierro los ojos y me absuelvo.
No porque crea en mi inocencia,
sino por falta de pruebas.

 

Publicado en a2manos el 18 nov.2005

El Tiempo

IMG_0107Tenía una conexión a internet muy rápida.

Una en el teléfono, otra en el ordenador, otra en el portátil y otra en el iPad. Facebook, instagram, tuiter, spotify, foursquare, youtube, pinterest… Las redes sociales me permitían estar en contacto con miles de personas, saber qué hacían y contarles qué hacia yo.

Tenía cientos de restaurantes, cines, teatros, bares, museos, exposiciones, salas de conciertos… en los que exprimir cada segundo de mi tiempo libre. Y cada vez que visitaba uno, lo compartía en internet con cientos de amigos, multiplicándose y expandiéndose mi gozo por el universo entero.

Estaba registrado en más de 40 sitios de internet y recibía puntualmente noticias, ofertas increíbles, reportajes apasionantes, vídeos, imágenes… Usaba al menos 15 de las 39 aplicaciones instaladas en el teléfono. Hacia más de 30 llamadas al día, casi todas urgentes a la vez que importantes.

Mi libreta de direcciones (sincronizada en todos los dispositivos) rebasaba los mil contactos.

Esta mañana corre un aire fresquito, he regado las plantas, he desayunado, he soportado estoicamente la mirada socarrona de un par de alcornoques centenarios: “eh, tú, el forastero. Pringao!”.

Y he pensado que no había mejor manera que escribirte unas líneas para aprovechar, disfrutar, emplear, vivir, saborear, compartir, pasar, EL TIEMPO.