Miedo y Testosterona

El tercer mandamiento dice: Pondrás tu bienestar por encima de todo aunque te digan que eres un capullo.

No, no hay texto sagrado en ninguna religión que incluya un precepto así de egoísta. Se le pueden criticar muchas cosas a las religiones pero no suelen consagrar la codicia.

Si consideramos que las normas divinas eran una forma de poner reglas en la comunidad escritas por un señor a quien le daba vergüenza firmarlas. Incluso aunque creamos que ese señor tenía un trastorno de personalidad consistente en creer que había un ser supremo, todopoderoso e invisible que se comunicaba apenas con él, da igual. Los libros sagrados han vendido más que Harry Potter, nos guste o no, han funcionado durante siglos. Debemos concluir que ese señor escritor no era tonto, y no era mala persona.

Parece que el egoísmo sin freno nunca ha sido considerado un buen punto de partida para la armonía de una sociedad, ni siquiera para la supervivencia de una sociedad. Pero en cambio, hay en el fondo de nuestro cerebro un remanente del repertorio genético de los réptiles que aflora en determinadas circunstancias y que grita: aquí y ahora, yo el primero, que os jodan. La ciencia ya sabe que la testosterona y el miedo abren la puerta a que se desinhiba esa parte reptil de nuestro cerebro. Si ese exabrupto le ocurre a un solo individuo, esporádicamente, no pasa nada, la comunidad lo sabrá gestionar con un par de collejas o un abrazo maternal, pero si se asume como normal, si se extiende como una corriente social, si llega incluso a institucionalizarse estamos bien jodidos. No lo digo yo, lo dice la Historia. Dictadores, caudillos, genocidas y cruzados son la consecuencia, los ha habido, los hay y los habrá.

Nos ha tocado vivir una etapa rara con esto del virus SARS Cov-2. Y se puede oler el miedo. A la enfermedad pero sobre todo a la penuria económica. Y se pueden oler el cabreo, la pataleta, el odio… los musculados manifestantes armados con rifles automáticos delante del capitolio del estado de Michigan son un buen ejemplo. Mala combinación esa de la testosterona y el miedo. Todas las tiranías, todas las épocas más chungas, las páginas más oscuras de la Historia del Homo sapiens llevan la firma doble del miedo y la testosterona. Guerras, matanzas, esclavitud, holocaustos… miedo y testosterona.

No, no hay ningún precepto en ninguna religión ni corriente de pensamiento que consagre el egoísmo a ultranza, y menos aún la violencia. Hay un dictado justo al contrario. Está en el budismo, el confucianismo, el cristianismo, el judaísmo, el taoísmo, está en todas las filosofías hasta llegar al punto de ser considerada la Regla de Oro de la ética. Permitidme que la haya tuneado un poco, siempre ayuda un poco de poesía.

Tratarás al prójimo como te gustaría ser tratado y, llegado el caso, habrás de meterte tu testosterona y tu miedo por donde te quepa.

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