La Cautela

 

—Papá, ¿y esto es la playa?

—Sí, hijos, hemos venido hasta aquí para que vierais la maravilla que es el mar.

—…

—…

—¿Y no podemos acercarnos un poco más?

—Puede ser peligroso.

—Es que yo no veo nada.  —Yo tampoco. —Yo tampoco.

—Es porque está la marea baja, en cuanto suba podréis verlo.

—¿Tú estás seguro de que se va a ver?

—Claro, he comprobado la tabla de mareas.

—Jo, papá, a mí me gustaría acercarme más.

—Hijo, las briznas de hierba tenemos una capacidad motriz muy limitada, podríamos morir toda la familia.

—Anda, porfa, sólo cuatro tablones más cerca.

—No, hijo, lo veremos desde aquí.

—Jo, papá, si con la playa es así, ¿dónde nos pondremos para ver los encierros de San Fermín?

 

El Karma

Woody Allen es un misántropo diagnosticado. Aunque probablemente la misantropía sea el chocolate del loro de su expediente clínico: neurosis, fobias, depresión, obsesión, ansiedad… el genio de Brooklyn parece tener el DSM-5 como libro de cabecera. No quiero ni imaginar cuánto se ha dejado este hombre en terapeutas a lo largo de su vida, su psiquiatra debe estar en la lista Forbes. Pero estamos aquí por lo suyo con la gente.

—Doctor, no soporto a la gente, me dan grima, escozores, es algo físico. Y especialmente a los admiradores que me piden autógrafos y quieren hacerse una foto conmigo, a esos no los puedo soportar.

—Verá, se me ha ocurrido una idea. Le vamos a hacer una estatua de bronce y la vamos a poner en la calle, en un sitio concurrido para que todo el mundo que quiera le pueda abrazar… ¿Señor Allen? ¿Señor Allen? Rápido enfermera, llamen a emergencias, le ha dado un ataque.

A los 3 días, en una habitación de hospital.

—Señor Allen, no me dejó usted terminar. No la vamos a poner aquí en Nueva York, ¿qué le parece, por ejemplo, Oviedo?

Y ahí está, ¿lo ven? Los turistas y no tan turistas se hinchan a fotos achuchando a uno de los hombres que menos le gustan los abrazos de desconocidos, tuve que esperar un rato para poder hacerme mi foto con él.

Esto es el karma.

 

 

El mapa del tesoro

En una de las paredes del acantilado que da a la playa de la Mexota, con los pies metidos en la arena y la emoción erizándome los pelos, encuentro este mapa. Las cartografías que te salen en el móvil te pueden llevar a la casa de un amigo o a una gasolinera, pero una cartografía tallada en las paredes desnudas de una playa, con cientos de años de antiguedad, sólo puede ser un mapa del tesoro. Continuar leyendo “El mapa del tesoro”