Como las cigarras

Las puertas y las ventanas están abiertas toda la mañana, antes de que el sol alcance el poderío de aplastarlo todo. Los olores y los sonidos del jardín, y ese fresquito estimulante acompañan el primer café. Sin azúcar. Desde hace ya mucho tiempo: sin azúcar. Las cosas de la edad. Si a los 20 el peligro está en los accidentes, a los 50 está en el azúcar.

Es verano y yo me hago viejo.

Terminada la misión de la crianza ando buscando una nueva cruzada. Sin cruzada no somos nada, los humanos necesitamos “cruzar” algo, lo que sea, Cada edad ha de tener su misión. Yo no sé cuál es la mía ahora. Porque pienso que la contemplación no se puede considerar tal.

Canto, esa es mi misión.

Saco la voz que he tenido guardada. Que he enseñado durante tantos años con prevención, como otras las piernas. Eres tu voz y tus circunstancias y muy poco más.

Ah, ya sé.: leo.

Pero leer es en gran medida contemplar. Eso no cuenta.

Leo, contemplo, me he licenciado en criar, no le pongo azúcar a la vida… al menos es verano.

Y, como las cigarras, canto.