Cosas que le pasan a este farandulero cuando NO está en el escenario

No nos preparan en la escuela para la intrascendencia. Todo es «vas a aprender mucho, a hacerte mayor, a encontrar un trabajo, a tener una familia… eres el protagonista de tu propia vida»

Uf.

Que no digo yo que ese cuento no se cumpla en muchos casos. pero en otros no.

Están tan preocupados los maestros, con su mejor intención, por que seamos listos que no nos enseñan a ser tontos. A no saber. Y luego metes la pata en la vida, lo que es habitual y entras en cortocircuito, te deprimes. Con lo fácil que sería reconocer que uno es tonto. un poco tonto, tonto a veces, tonto crónico o tonto de capirote, hay muchos grados. Y que no pasa nada, se puede seguir viviendo.

—Hola me llamo Oscar y soy tonto reincidente.

Podría decir que soy tonto crónico.

Pero la buena noticia es que estoy rehabilitándome y pronto seré de nuevo útil para la sociedad. Aunque, la verdad, a mi ser útil a la sociedad me la refanfinfla, con serme útil a mi mismo tendría suficiente. Eso tampoco lo consigo.

Eso sí, he tenido una idea lúcida: Yo pondría una nueva asignatura obligatoria en todos las escualas: insignificancia.

—¿De donde vienes?

—De Insignificancia

—¿Y qué tal?

—Fenomenal, lo bordo.

—¿Muchos deberes?

—Nah, ser yo mismo.